No perdáis la pista a Nic Pizzolatto

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Os lo recomiendo: no le perdáis la pista a Nic Pizzolatto. Yo he caído rendido frente a su talento, su estilo y su forma de hacer las cosas. No sólo por su trabajo como showrunner (con perdón) de una serie que me dejó una honda impresión, True Detective.

También porque, a raíz de la primera temporada de esa serie, he ido descubriendo sus libros, sus relatos y sus influencias literarias. Y he encontrado así a un autor poco convencional y capaz de unir con su peculiar forma a Dashiell Hammett y Arthur Schopenhauer, por ejemplo, pero con un carácter propio, muy acentuado y reconocible.

¿Cómo podemos matar el tiempo mientras llega la segunda temporada de True Detective? ¿Dónde podemos seguirle la pista a Nic Pizzolatto? Aquí, unas cuantas pistas. Leer más “No perdáis la pista a Nic Pizzolatto”

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Breve e insuficiente historia de los grandes libros incompletos

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Dos de las novedades literarias de las que más se está hablando ahora mismo son publicaciones póstumas de dos grandes autores. Ya sabéis cuáles: Demonios familiares, de Ana María Matute, y ¡Alabardas, alabardas! ¡Espingardas, espingardas!, de José Saramago. En el caso de Matute, la novela está casi completa, sólo faltaba resolverla. Más precario es el estado de gestación del último libro de Saramago: apenas llevaba un par de capítulos que, para editarlos, se han completado con un escrito de Roberto Saviano y dibujos de Günter Grass.

Éste no es un texto sobre los libros póstumos (podríamos hablar del nuevo poemario de Bukowski, o del ¡tercer! libro publicado tras la muerte de Carlos Fuentes), sino sobre esos libros que sus autores no llegan a concluir antes de la muerte. Para muchos la edición de este tipo de textos son innecesarias: broches tardíos a una brillante bibliografía, frivolidades con las que se quiere seguir rentabilizando la figura de un escritor, o una falta de respeto a la voluntad del difunto, incluso una traición a su tarea de escritura que ha quedado interrumpida e imperfecta sin opciones de ser corregida y concluida. Claro: como todo el mundo que se ha sentado a escribir algo de ficción, sabemos que entre lo que uno empieza a escribir y lo que acaba resultando hay un océano narrativo que se elabora y reelabora una y otra vez, hasta tal punto que nunca se está seguro de haber acabado. Por eso hay mucho de injusto en la publicación apresurada de estos textos.

En mi caso, me ocurre con las obras póstumas e incompletas que me generan muchas dudas. ¿Será el libro que de verdad quería escribir? ¿Cómo habría cambiado de estar completo? ¿Quién lo habrá adulterado para su edición? ¿En qué sacrílegos cambios habrá incurrido ahora que el autor no está presente para defender su obra?

Pero también es verdad que, sin esa voluntad de recuperar escritos incompletos que la muerte de su autor ha dejado en el aire, nos habríamos perdido muchas y grandes obras. Hablaremos de Kakfa, por supuesto, porque su caso es el más célebre, pero antes citaré otros ejemplos. Leer más “Breve e insuficiente historia de los grandes libros incompletos”

Eliodoro Puche (1885 – 1964). El hombre que pudo ser Max Estrella

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Todos los pueblos tienen un poeta local. Por desgracia, los poetas locales no atraen al turismo con su afán lucrativo y, así, acaban sufriendo un lento proceso generacional de olvido y desconocimiento que los lleva a desaparecer. No todo puede ser Soria con Machado, Granada con García Lorca, u Orihuela con Miguel Hernández. Pero no es lo mismo un poeta local que un poeta de pueblo, y por eso hoy voy a hablar del mío, de mi pueblo, Lorca, para recordar a su poeta local, Eliodoro Puche, sin hache, de cuya muerte hoy se cumplen cincuenta años.

Vivió los años de la vanguardia de comienzos de siglos. Vivió la bohemia madrileña rodeado de aquellos personajes malditos que paseaban por los páginas de Valle Inclán. Vivió el sueño republicano y su descalabro. Vivió la cárcel y la represión de la dictadura. Y vivió después, casi olvidado, mudo, sepultado por el tiempo. Ése fue Eliodoro Puche, sin hache. El hombre que pudo ser Max Estrella. Leer más “Eliodoro Puche (1885 – 1964). El hombre que pudo ser Max Estrella”