La vida de un periodista según Ben Bradlee

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 Ha muerto Ben Bradlee, el director del The Washington Post que tenía a sus órdenes a los “melenudos” Woodward y Berstein cuando destaparon el Caso Watergate. Ésa sólo es la guinda del pastel de su carrera periodística de la que dejó constancia en sus memorias La vida de un periodista.
Hace 13 años, cuando yo era un joven provinciano aterrizado en Madrid para estudiar periodismo ese libro de memorias fue el primer libro que me compré en la carrera. Ha querido la casualidad que lo rescatara de la estantería hace unos días.
En él, no hay profundas y categóricas reflexiones sobre su oficio, porque dice que él prefiere hacer periodismo a dar lecciones sobre periodismo.
“Siempre he encontrado difícil desarrollar teorías sobre el periodismo que superasen el lema de la señorita Fiske en Dexter, mi escuela primaria: ‘Lo mejor posible hoy; mejor aún mañana’. Saca el mejor periódico, el más honesto, y saca otro mejor mañana.”
Sí hay además una lección importante, justo al final, al reconocer que “un hombre de noticias puede tirar hacia delante con el trabajo para el que nació” cuando encuentra “la emoción de las noticias que te aceleran el pulso”. Y concluye:
“Pocos tuvimos la fortuna de que se nos presentara la estimulante oportunidad. Una, y otra, y otra vez”.
Así es la vida de un periodista, empezar siempre una, y otra, y otra vez.
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El periodismo es un género literario

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Me considero escritor porque para mí el periodismo es un género literario más. Hay quien diferencia entre “periodismo” y “literatura”, para luego crear géneros híbridos o mestizos con etiquetas como “periodismo narrativo”. El periodismo es un género literario que tiene un objetivo: llegar al lector, informarlo, contarle una historia real. Así que no creo que haya un periodismo más narrativo que otro, ni un periodismo literario frente al que no lo es. Hay un periodismo bueno y otro malo, igual que hay buena y mala literatura.

En ese sentido, me vi reflejado en las palabras escritas por Gay Talese en el prólogo de su libro El silencio del héroe:

“Cuando yo estaba en la universidad estudiando Periodismo, pasaba las horas libres leyendo novelas y relatos, al tiempo que me preguntaba cuál sería la mejor manera de tomar prestadas las herramientas de un escritor -la creación de las escenas, el diálogo, el drama, el conflicto- y aplicarlas a esos textos de no ficción que algún día esperaba escribir”.

principal-gay-talese_grandeGay Talese es autor de libros periodísticos como La mujer del prójimo u Honrarás a tu padre, entre otros, al tiempo que su libro de memorias no lo llamó “Vida de un periodista” o “Vida de un reportero”, sino Vida de un escritor. Talese está considerado uno de los padres del “Nuevo Periodismo” junto a otras figuras como Tom Wolfe, Jimmy Breslin, Hunter S. Thompson, Joan Didion o John Sack. La banda que escribía torcido es un interesante libro sobre este heterogéneo grupo que revolucionó las reglas periodísticas en Estados Unidos. Además, está editado por Libros del KO, una editorial a quien hay que agradecer el empeño que pone por darle al género periodística ese nivel literario que nunca debió perder. El último ejemplo de ese trabajo es la publicación de Maneras de ser periodista, de Julio Camba, en el que también encontramos interesantes reflexiones sobre el oficio de la literatura periodística, que de entrada parecen muy alejadas de la visión de Talese:

“Yo lo mismo hago un artículo con una noticia de tres líneas que leo en el Daily Telegraph, que con las obras completas de Voltaire. Yo me voy al mar, por ejemplo. No cabe duda de que el mar es una cosa grande y hermosa. Pues para mí como si fuese un sombrero de paja. Toda su hermosura y toda su grandeza yo la reduzco rápidamente a una columna escasa de periódico; mando las cuartillas a su destino, y ya se han acabado para mí los encantos del mar, y, como los encantos del mar, las mujeres bonitas, y como las mujeres bonitas las obras maestras, y como las obras maestras las catedrales góticas, y los buques de guerra, y los campos sonrientes, y la primavera, y las fiestas movibles y todo. El articulista no puede gozar de nada, porque todo, en su organismo, se vuelve literatura, así como esos enfermos que no gozan de ninguna comida porque todas ellas se les convierten en azúcar. Esos enfermos son fábricas de azúcar, y nosotros somos fábricas de artículos».

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Hablar de periodismo literario y reivindicar el papel del periodista como escritor no es hablar de periodistas que dieron el salto a escritores profesionales. Eso sería como hablar de becarios que acabaron convirtiéndose en redactores. Podríamos pensar en un Vázquez Montalbán o Pérez Reverte en España (sin olvidar a Larra, en el sentido más histórico), en Maupassant y Balzac en Francia, o Mark Twain y Graham Greene en el mundo anglosajón. Pero no es eso. Foto 30-09-13 20 17 24

Es, por ejemplo, el Gabriel García Márquez Periodista que afrontó como joven periodista la escritura de su Relato de un naúfrago, o el ímpetu con el que afrontaba su monumental trabajo el que Kapuscinski considera el primer reportero de la Historia, Herodoto:

“El libro de Herodoto es el primer gran reportaje de la literatura universal. Su autor está dotado de una intuición, una vista y un oído de reportero”.

Ryszard Kapuscinski es otro de esos fenómenos en los que el periodismo alcanza grandes cotas literarias, de igual forma que a día de hoy podríamos poner los ejemplos de Jon Lee Anderson, Leila Guerriero y toda una larga nómina de veteranos y jóvenes periodistas a los que la crónica y el reportaje les aporta oxígeno en unos momentos de asfixia en el oficio. La propia Guerriero ponía de manifiesto en su artículo “(Del arte de) contar historias reales” (El País, 27 de febrero de 2010) los aires de superioridad con los que el mundo de la literatura mira hacia el periodismo y reflexionaba sobre lo que implica a la hora de la verdad esta vocación:

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“Para ser periodista hay que ser invisible, tener curiosidad, tener impulsos, tener la fe del pescador -y su paciencia- y el ascetismo de quien se olvida de sí -de su hambre, de su sed, de sus preocupaciones- para poner al servicio de la historia de otro. (…) Escribir con la concentración de un monje y la humildad de un aprendiz. Atravesar un campo de correcciones infinitas, buscar palabras donde parece que ya no las hubiera. Llegar, después de días, a un texto vivo, sin ripios, sin tics, sin autoplagios, que dude, que diga lo que tiene que decir -que cuente el cuento-, que sea inolvidable. Un texto que deje, en quien lo lea, el rastro que dejan, también, el miedo o el amor, una enfermedad o una catástrofe”.

Es la reivindicación de la escritura periodística al mismo nivel que la reclamaba Furio Colombo en Últimas noticias sobre el periodismo:

“La escritura que importa, sobre todo para el ejercicio de la libertad, es la escritura periodística (…) La calidad el reportaje depende del grado de libertad”.

Este tema merece sin duda una reflexión más profunda, amplia y con más niveles de exploración. Este post tan sólo ha sido una forma de hilvanar algunas ideas que se me han venido a la cabeza con algunas últimas lecturas.

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