“Aquí, sufriendo”

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El verano ha enfriado los ánimos de este blog. Lo sé. Ha sido premeditado. Desde luego no han faltado temas de los que hablar. Podría haberme sentado frente al ordenador y haber tecleado algunas líneas sobre muchas cosas.

> hábitos lectores en verano.

> lecturas con el verano, las vacaciones o la evasión como protagonistas.

> un repaso nostálgico-refrito de los libros leídos hasta altas horas de la madrugada en los veranos de mi juventud.

> el centenario del nacimiento de Julio Cortázar.

> los veinte años treinta años desde la muerte de Truman Capote.

> un repaso a los libros dedicados a la I Guerra Mundial en la conmemoración del siglo que ha pasado ya.

> lo mismo, pero con los 75 años desde que empezó la II Guerra Mundial.

> lo mal que está el sector del libro (esto no hace falta que sea verano para hablar del tema, pero cuando no hay otra cosa…).

Pero para hablar de temas recurrentes y de los que todo el mundo habla ya está la prensa.

Han sido unas vacaciones electrónicas, y ahora toca volver. En la memoria, una cita de este verano a propósito de no hacer nada. En Fiesta, de Hemingway:

“Una parte muy importante de la ética profesional (en el periodismo) consiste en que parezca que nunca trabajas”.

Una forma muy educada de resumir ese espíritu con el que ahora las redes sociales se llenan con fotos debajo de las cuales añadimos el ya conocido “aquí, sufriendo”.

Pasiones literarias (el amor y las letras, y III)

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La última entrada de la serie nos devuelve al viejo continente. Después de salir de España y llegar a Estados Unidos, el repaso a algunos de los momentos “amorosos” más conocidos de la literatura llega a su final con una serie de ejemplos que, para qué vamos a negarlo, son bastante difíciles de clasificar como relaciones convencionales.

Leer más “Pasiones literarias (el amor y las letras, y III)”

“Rayuela” se lee mil veces

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Rayuela es un libro. Se puede leer una vez, y dos veces, según el manual de usuario. Pero en realidad se lee una y mil veces.

Rayuela se lee con la mirada perdida y los ojos puestos en el Pont Des Arts, por donde veremos a la Maga venir hacia nosotros.

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Rayuela es un juego. Cualquier escrito de Cortázar es un juego. Porque escribir es un juego y leer es jugar.

Rayuela es un artefacto hecho con piezas sueltas.

Rayuela es la magia del lenguaje. Es la voz de Cortázar y el capítulo 7. “Los cíclopes se miran”.

Rayuela es un collage: recortes de periódico, fragmentos de libros encontrados, pintadas en los muros, carteles en las paredes, retazos de fotografías, notas que se escapan de un tocadiscos en cualquier buhardilla del Barrio Latino, el martilleo continuo y chispeante de una máquina de escribir.

Rayuela es París.

Rayuela es jazz.

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Rayuela son las películas en blanco y negro de la nouvelle vague.

Rayuela es un encuentro casual. Aunque todos sabemos que “un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas”.

Rayuela es una pintura prehistórica en la que Cortázar dibujó ideas que veríamos convertidas en realidad en el siglo XXI. El link o hipervínculo, el 2.0, la interactividad, el muro de Facebook y el atropellado timeline de Twitter. Rayuela es una cuenta en Instagram.

Rayuela es una paja mental, sí, vale.

Rayuela es un torrente narrativo, una fuerza caótica y avasalladora que mantiene embrujado al lector para siempre.

Rayuela es tener pendiente otra lectura más.