Fútbol de papel

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¿Qué relación hay entre Cervantes y Xavi Hernández? ¿Y entre Borges y Messi? ¿O entre Gabriel García Márquez y el prometedor delantero colombiano James Campell? Cada uno de ellos es una figura de su país, unos en el mundo de la literatura y otros son estrellas del fútbol y han pasado por el Mundial de fútbol de Brasil 2014.

Pero Cervantes podría ser el Xavi Hernández de la selección española si el combinado nacional lo hubieran compuesto escritores, igual que Borges hubiera sido el puntero argentino o García Márquez le habría puesto a Colombia el color y la vida que está poniendo Campbell al campeonato.

De esa premisa ha partido la editorial Penguin para imaginar una Copa del Mundo, la Penguin Cup, en la que los “once” de los principales equipos y aspirantes al título están integrados por sus principales estrellas de la literatura, en un alarde de imaginación y saber literario-futbolístico, en el que a través de las redes sociales están desarrollando una particular competición. Leer más “Fútbol de papel”

30 esculturas de escritores y personajes literarios

 

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Contaba en un post reciente que la ciudad de Boston va a rendir homenaje al escritor más famoso que ha recorrido sus calles, nada más y nada menos que Edgar Allan Poe. Esto me ha traído a la cabeza la gran cantidad de plazas, estatuas, bustos o monumentos que andan desperdigados por medio mundo a la memoria de importantes escritores o a célebres personajes de ficción.

El que algunos escritores haya llevado a su fama su lugar de nacimiento suele ser una causa para que se consagren ese tipo de homenajes. También que esos mismos escritores hayan captado a través de su obra el ADN de las calles y gentes de la ciudad en la que viven. O puede también que un personaje imaginario haya sido la causa de esa celebridad al situar sus peripecias en la ciudad en cuestión. Algunas de estas estatuas se convierten en lugar de culto o peregrinaje, otras acaban mimetizándose tanto con el entorno que se olvidan y pasan desapercibidas.

Hay escritores como Charles Dickens que nunca quisieron una escultura y así se lo pidió a sus amigos. Otros, por el contrario, tienen esculturas casi en cada rincón del mundo, como Cervantes o Shakespeare. En esta semana en la que arranca la celebración del Día del Libro, aquí van algunos ejemplos, recopilados unos por conocidos, otros por curiosos o bien por el capricho del autor de este blog. Leer más “30 esculturas de escritores y personajes literarios”

Capa también escribía

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Hoy que se cumplen cien años del nacimiento de Robert Capa y por eso aprovecho para recordar que además de ser un genio de la fotografía, también escribía. Una buena muestra de ello son sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial, Ligeramente desenfocado (La Fábrica Editorial, 2009).

El libro va más allá de la célebre anécdota de las fotos del Desembarco de Normandía realizadas por Robert Capa: se jugó la vida, realizó cientos de fotos, y apenas sobrevivieron unas cuantas tras un revelado desastroso en Londres. En estas memorias, Capa nos lleva de la mano por las oficinas y campamentos militares, por sus entresijos, por los bares de los hoteles, por las noches de whisky y los días de resaca acompañando a las tropas americanas en el norte de África, Italia, Francia, siguiendo el rastró de papá Hemingway, convertido casi en su alter ego

Pero lo más asombroso del libro es su forma de contar las cosas, como si las palabras fueran como sus fotos: frases directas, sin artificios ni florituras. Su gramática está impregnada del realismo de esas imágenes a veces inconcebibles de civiles y militares armados. Sin ningún afán de proselitismo, deja reflexiones tan directas como ésta, un gancho a la mandíbula de los que puedan pensar que es un libro que habla del “romanticismo” del reportero.

“Los bombarderos hicieron tráfico alrededor de la torre de control, esperando que se les concediera permiso para aterrizar. Uno de ellos había perdido el tren de aterrizaje, y algunos de sus tripulantes estaban heridos. La torre le dio prioridad, ordenándole que intentara el aterrizaje forzoso. Preparé mi Contax y terminé casi un rollo completo antes de que el avión se detuviera por fin, intacto. Corrí al avión y ajusté mi segunda Contax. Se abrió la escotilla y los médicos desembarcaron lo que quedaba de un tipo. Aún se quejaba. El siguiente ya no. El último en viajar del avión fue un piloto. Parecía estar bien, salvo por un ligero rasguño en la frente. Me moví para conseguir su primer plano y él se detuvo a medio camino y gritó. <<¿Son éstas las fotos que estás buscando, fotógrafo?>>. Guardé la cámara y regresé a Londres sin despedirme.

En el tren de vuelta, con aquellos rollos de película bien aprovechados en mi bolsa, sentí odio hacia mí mismo y hacia mi profesión. Ese tipo de fotografía era apta sólo para sepultureros, y yo no quería ser uno. Si tenía que participar en un funeral, juré que lo haría desde el cortejo.”

Ligeramente_desenfocado