365 días del libro

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El Día del Libro está aquejado del síndrome del Día de San Valentín: hoy todo el mundo se deshace en elogios galantes, pero ¿qué pasa el resto del año?

Tal vez porque llega este día y tengo el ánimo particularmente cenizo, he estado a punto de caer en la tentación de ilustrar este argumento con datos.

He pensado: debería mostrar porcentajes sobre los índices de lectura, sobre la caída de ventas, sobre el número de librerías que cierran o la pobreza de sus catálogos, mencionar los maremotos editoriales, las condiciones que se les ofrecen a los escritores o hablar de lo que habla todo el mundo: ya que nadie te publica, échate al monte. O a Amazon, mejor dicho.

He pensado: sí, es una visión demasiado ceniza para el día de hoy, que debe ser bonito y emotivo en lo que se refiere a la rememoración de lecturas. Tirar de nostalgia, sí. Pero si hago eso, ¿de qué va a vivir este blog el resto del año?.

He pensado: en todo el mundo que debe de estar escribiendo sobre este día, el 23 de abril, el Día del Libro. Siempre supone para mí un esfuerzo titánico sentarme a escribir sobre algo a propósito de lo que otros ya han escrito, o están escribiendo en este momento, seguramente mejor que yo.

Así que he pensado: mejor no escribo nada más. Que hoy no es día de eso.

Que voy a salir a comprar un libro. Que voy a leer un libro. Que voy a regalar un libro para que sea leído.

Que para mí todos los días son el Día del Libro. Ésa es la única verdad.

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Portadas de libros, carteles de película

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Hoy quiero hablar de una manía personal. Y para ilustrarla voy a empezar por una anécdota, como se suele hacer en estos casos. Hace unas semanas entré a una librería. Pregunté por El Gran Gatsby para hacer un regalo y, después de mirar en el ordenador, me encuentran una edición de bolsillo recientemente editada y cuya portada era el cartel de la infumable adaptación que ha realizado Baz Luhrmann. ¡Ah, no! Esto sí que no. Y me fui sin ese libro.

Y ahora hablo de esa manía. Como muchas manías, ha ido agravándose con el tiempo. Me refiero a que no me gustan los libros que vienen con la portada del cartel de la película. Me gustan las portadas de libro, vivo enamorado de portadas de libros. Pero el cartel de una película en la puerta de entrada a una lectura me pone la carne de gallina.

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