Rentrée, qué hermosa eres

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No soy de ponerle fronteras a la literatura, ni de pedir pasaportes, ni de empaparme de chovinismo. Para escribir sobre libros en este blog prefiero atender a criterios de calidad literaria y no sólo geográficos. Pero hoy quiero celebrar este asomo de “primavera” que vivimos en la Región de Murcia donde el otoño nunca llega y, cuando nos venimos a dar cuenta, ya ha pasado el invierno sin decir hola qué tal.

Me refiero a que en las últimas semanas no he tenido que mirar muy lejos en lo territorial para encontrar libros y autores de propuestas más que atractivas y otro tipo de iniciativas que hoy rescato de mi tintero en este post para hablar de la partícular ‘rentrée murciana’. Leer más “Rentrée, qué hermosa eres”

La música del invierno

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“–¿Cómo es tu música?

Miré hacia el cielo, hacia esa masa ininterrumpida de nubes bajas que arrojaban grabados grises de lluvia sobre los negros campos y sobre los tallos de color canela, ahora blanqueados, que todavía quedaban en los maizales.

– No lo sé – contesté –. Como el invierno, quizá.”

Canciones de amor a quemarropa, Nickolas Butler (2014, Libros del Asteroide).

 

Supongo que este libro me ha gustado un poco más de lo normal porque ya estoy en ésa edad.

 

Un tipo que dice ser Javier Cercas

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El que hablaba era un tipo que decía ser Javier Cercas. No es que yo lo ponga en duda. Él mismo era el que se encargaba de avisarlo: “Yo soy un tipo que dice ser Javier Cercas”. Así, en nombre de Javier Cercas, o haciéndose pasar por él, tal vez siendo el propio Javier Cercas, se dirigía en Cartagena a un público de seiscientos alumnos de secundaria para hablarles del último libro de Javier Cercas, El impostor.

Por fortuna, esos jóvenes que lo escuchaban lo conocían ya y sabían que no era un tipo que decía ser Javier Cercas, sino que era el propio Javier Cercas: lo habían conocido sólo unos meses antes cuando lo eligieron como ganador del Premio Mandarache de Jóvenes Lectores por su anterior libro Las leyes de la frontera.

“Yo no me siento un ganador del Premio Mandarache, soy un fan del Mandarache”, reconocía el propio escritor encantado de volver a una ciudad donde había visto y vivido de primera mano cómo los adolescentes se volcaban en este programa de fomento de la lectura y formación de lectores que cumple en 2015 su décima edición. “No conozco ningún premio así en España. He dialogado con los chicos, he dialogado con los profesores… Me parece extraordinario. He visto a chicos apasionados por los libros como no lo he visto nunca”, continuaba. Leer más “Un tipo que dice ser Javier Cercas”

El libro tachado, Patricio Pron (Turner)

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Dejadme que no empiece el mes de septiembre hablando de la rentré, de las novedades, de los más esperados, de los más inesperados, de los más interesantes, de las mesas de las librerías hasta arriba con el desembarco literario que habitual hasta final de año. Dejadme que empiece hablando de un libro, sólo uno, que se ocupa del tema contrario: los libros que se quedaron por el camino, los autores que desaparecieron. Se trata de El libro tachado (Turner), de Patricio Pron, un ensayo dedicado a este tema y que me ha refrescado varias noches veraniegas.

Es una lectura profunda y erudita, con documentación profusa, pero en la que uno se sumerge de forma fácil y entretenida, atravesando los diferentes capítulos en los que, bajo diferentes supuestos, Patricio Pron clasifica, explica y ejemplifica las circunstancias que llevaron a diversos escritores a abandonar la escritura, a renegar de su oficio, a suplantar la identidad de otro o robar su trabajo, a ser censurado y represaliado, a buscar el anonimato o, en el peor de los extremos, a poner fin a su propia vida (es antológica la nota a pie de página que Pron se marca sobre este último asunto).

Para los amantes de la lectura y de las historias que hay detrás de los escritores y de sus libros, El libro tachado bucea en esa cara oculta de la literatura, la que no se escribe en los manuales de texto de los colegios, ni llega a los anaqueles de las bibliotecas ni las librerías: las circunstancias del fracaso de un autor, ya sean propias o impuestas, sus miedos, sus miserias, sus penurias, lo que nadie contó sobre las grandes obras o lo que debería saberse sobre otras que hoy han sido olvidadas. Leer más “El libro tachado, Patricio Pron (Turner)”

“De noche andamos en círculos”, Daniel Alarcón (Seix Barral)

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“Los escritores jóvenes  creen que cualquier instante puede ser el inicio de una gran obra”: con ésas palabras se despacha  a lo largo de esta novela uno de sus protagonistas, Henry Núñez, el veterano dramaturgo, integrante de la compañía Diciembre y autor de El presidente idiota, el montaje teatral que se articula como hilo conductor de De noche caminamos en círculos, la última novela Daniel Alarcón. El contrapunto a esta visión será la del Nelson, el joven actor elegido para el reparto de la obra de teatro quince años después de la desaparición del grupo tras el encarcelamiento de Henry por motivos políticos.

La afirmación de Henry Núñez podría valer para esta novela porque, a pesar de su carácter compacto, es una obra poliédrica por su complejidad y por la variedad de asuntos que aborda, al mismo tiempo que también se ocupa de sus opuestos: la ilusión de la juventud y las frustraciones de la madurez, el alivio de la representación teatral y el peso de la realidad, la libertad que se encuentra en la cárcel y la prisión en la que se transforma la vida en una sociedad convencional, la locura del amor frente al pragmatismo de la rutina, lo que queremos ser frente a lo que en realidad somos. Leer más ““De noche andamos en círculos”, Daniel Alarcón (Seix Barral)”

La metamorfosis al español de Kafka. 90 años sin Kafka, II

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Lo que ha hecho de Kafka un autor global es que a través de su ficción anticipó muchas realidades que acabarían por materializarse a lo largo del siglo XX en el corazón de la civilización occidental, tanto en lo individual como en lo colectivo, en el plano psicológico y en el sociológico. La trascendencia de su obra creció poco a poco, con el paso de los años y el discurrir de los acontecimientos, para acabar alcanzando el peso internacional que tiene hoy.

En España, país poco dado a ser pionero en vanguardias rompedoras, podemos presumir de ser los primeros en los que se publicó en una traducción a otro idioma la gran obra de Kafka, La metamorfosis, junto al inglés. Este detalle, en apariencia trivial, ofrece por el contrario todos los ingredientes que convertirán una simple anécdota o nota a pie de página en uno de esos “misterios literarios” que hacen salivar a algunos: un traductor desconocido, una mujer avanzada a su época, una guerra de por medio, confusiones de nombres, máscaras de escritores y hasta el mismísimo Jorge Luís Borges implicado en la confusión forman parte de esta historia. Leer más “La metamorfosis al español de Kafka. 90 años sin Kafka, II”

“Yo fui Johnny Thunders”, Carlos Zanón (Serie Negra RBA)

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Francis, Mr. Frankie, tuvo una banda de rock, vivió la vida a tope y una vez (casi) fue Johnny Thunders. Pudo ser Loquillo cantando “Cuando fuimos los mejores”. Pero nunca podría haberlo hecho con “Feo, fuerte y formal”: Francis ya no es Mr. Frankie, no queda nada de ese chico enfundado en sus pantalones pitillo y chupa de cuero. Ahora, en pleno crash económico de comienzos del siglo XXI, Francis es un cuarentón obeso y a quien sus vicios le han costado la dentadura, los amigos, las novias, la música y, para colmo, está sin blanca, sin casa, sin trabajo y con un juicio pendiente de su ex mujer para que pague la pensión de sus dos hijos.

“Me aplaudieron. Me adularon. Me encaramé allá arriba, engreído, grande, invulnerable. Y allí los aplausos, el deseo es como una bomba que nadie ve cuándo estalla. Tarda meses o años en descubrir que la explosión ocurrió dentro de ti. Sin ruido. Y por eso mismo más devastadora.”

Francis, en realidad, es un bastardo y el protagonista casi absoluto de Yo fui Johnny Thunders, la última novela de Carlos Zanon. Si el imaginario del mundo del rock se ha encargado de encaramar a la gloria cierto tipo de anti héroe marcado por el malditismo, Francis sería su versión cobarde. Trata de enmendar su camino pero ya es demasiado tarde para alguien que sólo ha valido para meterse en líos. “¿Sabes por qué estoy vivo? Porque era un cagado”, admite el propio Mr. Frankie. Leer más ““Yo fui Johnny Thunders”, Carlos Zanón (Serie Negra RBA)”

365 días del libro

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El Día del Libro está aquejado del síndrome del Día de San Valentín: hoy todo el mundo se deshace en elogios galantes, pero ¿qué pasa el resto del año?

Tal vez porque llega este día y tengo el ánimo particularmente cenizo, he estado a punto de caer en la tentación de ilustrar este argumento con datos.

He pensado: debería mostrar porcentajes sobre los índices de lectura, sobre la caída de ventas, sobre el número de librerías que cierran o la pobreza de sus catálogos, mencionar los maremotos editoriales, las condiciones que se les ofrecen a los escritores o hablar de lo que habla todo el mundo: ya que nadie te publica, échate al monte. O a Amazon, mejor dicho.

He pensado: sí, es una visión demasiado ceniza para el día de hoy, que debe ser bonito y emotivo en lo que se refiere a la rememoración de lecturas. Tirar de nostalgia, sí. Pero si hago eso, ¿de qué va a vivir este blog el resto del año?.

He pensado: en todo el mundo que debe de estar escribiendo sobre este día, el 23 de abril, el Día del Libro. Siempre supone para mí un esfuerzo titánico sentarme a escribir sobre algo a propósito de lo que otros ya han escrito, o están escribiendo en este momento, seguramente mejor que yo.

Así que he pensado: mejor no escribo nada más. Que hoy no es día de eso.

Que voy a salir a comprar un libro. Que voy a leer un libro. Que voy a regalar un libro para que sea leído.

Que para mí todos los días son el Día del Libro. Ésa es la única verdad.

Portadas de libros, carteles de película

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Hoy quiero hablar de una manía personal. Y para ilustrarla voy a empezar por una anécdota, como se suele hacer en estos casos. Hace unas semanas entré a una librería. Pregunté por El Gran Gatsby para hacer un regalo y, después de mirar en el ordenador, me encuentran una edición de bolsillo recientemente editada y cuya portada era el cartel de la infumable adaptación que ha realizado Baz Luhrmann. ¡Ah, no! Esto sí que no. Y me fui sin ese libro.

Y ahora hablo de esa manía. Como muchas manías, ha ido agravándose con el tiempo. Me refiero a que no me gustan los libros que vienen con la portada del cartel de la película. Me gustan las portadas de libro, vivo enamorado de portadas de libros. Pero el cartel de una película en la puerta de entrada a una lectura me pone la carne de gallina.

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“Coral Glynn”, Peter Cameron (Libros del Asteroide)

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En Coral Glynn, de Peter Cameron, hay una serie de elementos que nos vamos a encontrar de entrada: una casa de piedra en la campiña británica, una moribunda anciana de buena posición y su hijo comandante herido en la II Guerra Mundial, una enfermera mojigata y tímida, un pueblecito entrañable, un bosque frondoso, una boda que se ve venir desde las primeras páginas y una galería de personajes que pasan desde la desconfiada señora de llaves a la propietaria de una mercería o los particulares amigos del comandante.

Pero el almibarado punto de partida que puede incomodar por previsible a cualquier lector mediano más pronto que tarde se torna espinoso. En Coral Glynn se cuelan detalles incómodos como una china en el zapato: hay un niña muerta y un sádico asesinato, un anillo robado, una violación y relaciones tan secretas como prohibidas. Ésa es la trampa a la que nos ha llevado Peter Cameron, enseñando unas cartas y guardándose otras demoledoras en la manga. Aunque en esta partida, hay muchas jugadas reservadas al azar:

“¿Cómo era posible saber quién o qué era la gente en realidad? Eran todos como monedas, con dos caras, o como dados, con seis.”

De los recursos de los que se vale Cameron, es importante el uso de los espacios que hacen suyos cada personaje (la casa gris, el bosque misterioso, la casa de los Lofting, la floristería, la pensión de Londres) y el simbolismo de los objetos o la ausencia de los mismos. Así ocurre también con los diálogos, que adquieren un peso sorprendente en una narración que se anuncia tan introspectiva y que podría considerarse una reflexión sobre el amor y sus variantes, casi siempre las más amargas: el amor por conveniencia, el amor prohibido, o el amor no correspondido, el que duele, el que se rehuye… Con esos hilos y premisas, Peter Cameron traza la historia de Coral Glynn y los personajes que la rodean.