Libros que te dan la vida

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“Existe amor cuando pierdes la capacidad de hablar, cuando ni siquiera puedes respirar”

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Eso nos ha pasado a todos, a veces. Encadenas unos cuantos libros mediocres, o malos (para qué andarse por rodeos), lecturas que incluso llegan a acabar con el hábito y el gusto.

Pero hay que apartarse de la mesa de novedades de las librerías, desoir los cantos de sirena de los más comentados, los más valorados, los más leídos, los más prometedores…

Y así, acabas cumpliendo aquella promesa que le hiciste a un escritor muerto, y buscas su libros maltratados por el tiempo en los estantes de una biblioteca pública. Y de repente todo vuelve a tener sentido cuando te deja sin respiración, cuando te hace contener el aliento. Un buen libro te da la vida.

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“Ninguno de ellos podía saber, ninguno podía visualizar Ciudad de México y aquel primer año increíble, conduciendo hasta la costa para pasar el fin de semana cruzando Cuernavaca, ella con las piernas desnudas al sol, y los brazos, la sensación de mareo y sumisión que experimentaba con ella, como ante una foto prohibida, ante una subyugante obra de arte. Dos años en México ajenos al naufragio, él fortalecido por la devoción que ella le inspiraba. Aún podía ver su cuello inclinado hacia delante y la curva de su nuca. Aún  podía ver las finas trazas de hueso que recorrían su tersa espalda como perlas. Aún podía verse a sí mismo, el que era antes”.

La última noche, James Salter

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Cuatro mundos crueles

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De buena mañana, con un café delante, leo la prensa, repaso artículos de lectura pendiente, me detengo en otros que me llaman la atención. Anoto unas cosas y otras, y descubro que hay un hilo conductor en cuatro de las entrevistas que reconozco haber disfrutado por diferentes motivos. Son cuatro autores hablando del universo que construyen en sus libros pero que tienen en común el retrato de mundos crueles o devastados.

El crimen. Dennies Lehane: “Sólo puedo escribir las historias en las que creo”. Con Ese mundo desaparecido (Salamandra) concluye la trilogía de los Coughlin que empezó con Cualquier otro día y siguió con Vivir de noche. El creador de la pareja de investigadores Kenzie y Gennaro, autor de libros como Mystic River y Shutter Island y guionista de series como The Wire y Boardwalk Empire, ha pasado por España a presentar su novela y a recoger el Premio Pepe Carvalho 2017: “El ‘noir’ es la tragedia shakesperiana de las clases trabajadoras”.

La violencia. Guillermo Arriaga: “Perdí el olfato de tantas peleas que tuve”. El escritor y guionista mexicano (él no se ve ni una cosa ni otra, se considera “narrador”) vuelve a la novela con El salvaje (Alfaguara), una historia en la que un joven debe enfretarse solo a un mundo cargado de violencia a su alrededor: “La violencia se puede utilizar como elemento narrativo e incluso divertido, vale, pero para un latinoamericano que ha experimentado la violencia hay que presentar que ésta tiene consecuencias”.

El colapso. Ginés Sánchez: “No me gusta hablar en términos de ‘apocalipsis’ ni ‘ciencia ficción’. Esto es un futuro más que probable”. La tierra es un paraje inhóspito. No hay agua. Los gobiernos se han retirado a zonas más seguras y los superviviente al colapso se organizan y luchan para salir adelante. Ese mundo posible es del que habla Ginés Sánchez en su última novela Dos mil noventa y seis (Tusquets). La catástrofe da lugar a la vuelta a figuras tribales como el guerrero o la mujer de las cavernas: Enis y Andera, que crecerán en este futuro hostil en el que serán subyugados por la figura del gigante Taner.

La guerra. Kevin Lacz: “Mis blancos no se merecían un futuro”. Antiguo francotirador de la unidad de élite del ejército americano SEAL, Lacz habla con Jacinto Antón sobre el libro en el que narra su experiencia en Irak, El último francotirador (Crítica). Es una entrevista de lectura incómoda, porque en la brevedad y certeza de sus respuestas, en las que no hay atisbo de titubeo, uno adivina la precisión y firmeza de un tipo que podría acabar con tu vida desde cientos de metros de distancia con un rifle de mira telescópica si así se lo ordenaran: “Puedes matar al enemigo sin angustias. Cuando disparé a terroristas no tuve ningún remordimiento y sigo sin tenerlo”.

Primeras lecturas de la ‘era Trump’

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“Fear presides over these memories, a perpetual fear. Of course no chilhood is without its terrors, yet I wonder if I would have been a less frightened boy if Lindbergh hadn’t been president or if I hadn’t been the offspring of Jews”,

The Plot Against America, Philip Roth.

Trump, Trump, Trump, Trump, Trump… Trump por aquí. Trump por allá. Trumpentodaspartes. Es difícil seguir  toda la actualidad que genera este tipo y todo lo que sobre él se dice. No pretendo seleccionar lo más interesante que se ha escrito sobre el cuadragésimo quinto presidente estadounidense, porque es una tarea que me supera. Tan sólo he anotado algunas recomendaciones con el tiempo del relato como hilo conductor.

La ucronía. La posibilidad de que un personaje mediático y con carisma, de marcado carácter populista, aislacionista, xenófobo y ultra nacionalista que se atisbó con la llegada de Trump a la Casa Blanca recordó a muchos la novela de Philip Roth La conjura contra América. En ese libro, Roth fantasea con la posibilidad terrible de que en las elecciones de 1940 el aviador Charles Lindbergh acabara presidiendo el país, con lo que eso podía suponer por su proximidad a los círculos más reaccionarios e, incluso, pro-nazis de aquella época, en la que Estados Unidos se debatía entre “Votar a Lindberg o Votar Guerra”. El Premio Cervantes Leonardo Padura reflexiona sobre los paralelismos entre realidad y ficción en El País. Atención: hay otro punto de conexión entre Trump y Lindbergh, en este caso, real. Lo dejo para el final.

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Volver y no irse nunca

Cómplice, fraude, genio. Llega a España el último libro de Gay Talese, El motel del voyeur, en el que cuenta la historia de Gerald Foos, un tipo que compró un motel para espiar a sus clientes, siendo testigo de todo tipo de prácticas y perversiones. Y el libro, del que se dicen cosas muy buenas, no está exento de polémica. Los hechos, 1: hay quien sitúa a Talese con este reportaje en los límites de la ética periodística al conocer el secreto de Gerald Foos y callarlo durante años hasta contarlo ahora, silenciando sucesos que éste le contó como el presunto asesinato de una chica. Talese, cómplice. Los hechos, 2: una investigación de The Washington Post, sin embargo, cuestionó la veracidad de esa historia que Foos cuenta al periodista (la del homicidio). Esto, sumado a otra serie de inexactitudes e imprecisiones con fechas y acontecimientos, llevó al propio Talese a renegar en un principio de su libro y a corregir y modificar algunos pasajes. El periodista con el prestigio esculpido en mármol a base de trabajos antológicos veía su trabajo tambalearse. O es cómplice, o es un fraude. Los hechos, 3: a pesar de todo esto, hay un gran grupo de lectores y periodistas para los que Talese sigue siendo el puto amo. Con eso les basta. Lo cual no deja de ser inquietante también.

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Carvalho vive. Antes que cualquier otra ciudad, antes incluso que la mía propia, descubrí los bajos fondos de Londres con Sherlock Holmes y Barcelona con Andreu Martín y Manuel Vázquez-Montalbán. Los Mares del Sur me impactó de tal forma que, con dieciseis años, acabé escribiendo una novela negra sin saber que lo estaba haciendo. Carlos Zanon, el relevo generacional natural en la novela negra barcelonesa, tiene ahora la responsabilidad de volver a darle vida al detective Pepe Carvalho, el cínico personaje de Vázquez-Montalbán. En La Vanguardia analizan algunas de las claves del regreso.

Los detectives vivientes. No es la primera vez en la que un personaje de ficción sobrevive a la muerte de su creador. Es algo habitual, sobre todo, en sagas de novela policíaca de éxito. El último y más sonado ejemplo ha sido el de Benjamin Black, que retomó al personaje de Philip Marlowe de Raymond Chandler, asunto del que ya nos ocupamos en este blog hace un tiempo.

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Volver a Comala. Empezamos con los aniversarios, conmemoraciones, centenarios y demás que vendrán en 2017. En El Mundo, Raúl Rivero escribre de la polémica entre la familia de Juan Rulfo y las autoridades de Sayula, en el estado de Jalisco. Allí, el alcalde quiere crear una una “ruta turística cultural” por los espacios del autor de Pedro Páramo y El llano en llamas, algo que no convence a sus herederos: “Una de las pocas ventajas que deben tener los escritores que no pueden asistir a su centenario es la de no tener que ver la categoría de homenajes que le preparan. Rulfo estaría espantado de verse como figura central de una ruta turística por muchas veces que le pongan detrás la palabra cultural”, escribe Rivero.

USA. NYC. 1947. US writer, Carson McCULLERS.

Why do the always compare her to me? Así se quejaba Carson McCullers cada vez que algún crítico la comparaba con Harper Lee. Una queja a la que Suzanne Vega ha puesto música en un disco completo que ha dedicado a la escritora norteamericana. No sería necesario buscar una excusa para leerla, pero también en 2017 se cumple un siglo de su nacimiento y medio de su muerte y se avecina una reedición de sus principales títulos. Para escuchar, este audio del programa ‘Hoy empieza todo’ de Radio 3 dedicado a Carson McCullers y al disco de Suzanne Vega.

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“El dolor y la tristeza son algo espantosamente singular”, James Rhodes, Instrumental. A estas alturas de la película, poco puedo aportar sobre este libro y sobre su autor: Rhodes cuenta las secuelas psicológicas que le dejaron los abusos sexuales de los que fue víctima en su infancia. Habla de sus adicciones y sus intentos de suicidio, de cómo acabó internado en diferentes centros psiquiátricos. Pero, sobre todo, habla de cómo el amor por la música, su hijo y su pareja acabó salvándole la vida.  Convertido en un personaje muy mediático, el pianista británico está ayudando a dar visibilidad a las personas que sufrieron abusos sexuales  y, también, desempeña una gran labor divulgativa sobre la música clásica. Su libro está lleno de episodios oscuros en los que, al final, acaba alumbrando un rayo luminoso, un espíritu creativo sobre el que escribó en 2013 tomando como inicio una frase de Bukowski: “Encontrad lo que os encanta y dejad que os mate”. Lo incluyo en este post porque tengo su lectura reciente y porque inicia en 2017 su gira en España en Murcia. Unid en el mismo titular “Jhames Rhodes” y “Murcia” y tendréis una noticia capaz de reventar el hype.

Primeras opiniones sobre mi última novela, ‘Cállate, Schrödinger’ (ficción)

Como ya sabéis, desde hace algunas semanas se puede encontrar mi última novela, Cállate, Schrödinger, en librerías y también en plataformas digitales como Amazon. Estoy contento, en líneas generales la acogida ha sido buena. Sin embargo, hay algunas opiniones que me tienen desconcertado. Por ejemplo, mi abuela me comentó que ella creía que el momento clave que nadie había podido entender era el pasaje en el que Doña Constanza, la anciana casada con el empresario venezolano, era arrojada con su silla de ruedas por las escaleras por la loca de su sobrina, Carlota, un niñita mimada. Sin embargo, uno de mis compañeros de piso, lejos de hablarme de este suceso, confesaba –regodeándose en ello sin el más mínimo pudor– que su parte favorita era en la que el protagonista se lo montaba de forma apasionada con la amiguita de Carlota, que, en palabras de mi compañero, es de esas capaces de enseñarte en una sola noche más de lo que has aprendido en toda tu vida. Mi otro compañero de piso le quitó la palabra de la boca para trazar un pensamiento según el cual lo que había visto en la historia era un fiel retrato de las condiciones infrahumanas en las que muchas personas han de buscarse la vida para llegar a fin de mes, lo que le llevaba a la conclusión de que, por lo tanto, la existencia de un Dios omnipresente era incierta y con toda probabilidad improbable, repartiéndose este poder entre los políticos y los medios de comunicación. Una vieja conocida mía, de esos años locos del instituto, joven, señalada y prometedora actriz de compañías de teatro de segundo orden, me llamó para decirme que creía que la “fuerza dramática” que derrochan algunos personajes es tremenda, humana y enternecedora, destacando sobre todo el papel de Emilio, ese hombre abandonado por su mujer y que comienza a rehacer su vida con un nuevo trabajo en una gasolinera. Una profesora de literatura que en la universidad me dijo con toda sinceridad que estaba muy bien. Muy muy bien, y que siguiera así. Mi padre me devolvió el libro sin saber qué decir, teniendo en cuenta que hasta ese momento no había considerado que yo fuera capaz de hablar de drogas y depravación moral con tanto detalle, como si él también creyera que la mitad de las cosas que pasan en la novela me han sucedido a mí antes. De haber tenido a un célebre escritor como amigo, le habría preguntado su opinión, pero como todavía no tengo a figuras de la literatura actual entre los miembros de mi agenda, no pude preguntarles. Interesantes son también las opiniones de dos booktubers que sostienen, cada uno por su cuenta, interpretaciones sobre los universos paralelos y las referencias bíblicas en la escena de la sacristía y el capellán. El barbero que hay debajo de mi casa y donde suelo cortarme el pelo se vio reflejado en el personaje del barbero que aparece en mi libro y que es clave para entender de donde salió la navaja de afeitar con la que degollaron a Mr. Brown, que fue encontrado muerto en su estudio de ambientación británica. Un amigo de la infancia, con quien jugué durante muchos años al fútbol, dijo que el personaje del niño, adoptado por la familia de doña Constanza, tenía las mismas ocurrencias que teníamos nosotros de pequeños. Por ejemplo, lo del perro ahorcado. Una de mis primeras ex novias escribió un Whatsapp después de mucho tiempo para preguntarme si el deseo que sentían casi todos los protagonistas por la ex mujer de Emilio (emoticono carita sonriente) era un mensaje que yo lanzaba en una botella (emoticono carita sonriente con guiño) para decirle que todavía la quería y que la añoraba (emoticono carita sonriente con besito corazón). En cambio, a mi novia no le gustó para nada la novela. Se enfadó mucho por el simple hecho de que veía en la infidelidad de Julián con aquella extraña pelirroja de acento americano ­–y de la que nunca supo su nombre tras una fogosa noche de amor­– un reflejo de otra supuesta infidelidad mía, porque es de las que cree que las historias de los libros son las historias de los propios escritores. Así que esa noche tuve que dormir en el sofá.

En cuanto a mí, en fin, ya no sé ni lo que escribí y a esta hora aún no sé si acudiré a recoger el Premio Nobel o no.

‘Rayos’ (Blackie Books), Miqui Otero

Hay dos tipos de personas en este mundo: los que han leído Rayos, de Miqui Otero, y los que no. Esto que escribo vale para los dos: para los que han leído, para compartir impresiones; y para los que no, para abrirles el apetito, porque el libro lo merece. Rayos es la historia de Fidel Centella, un joven periodista de Barcelona. Es su historia y la de sus padres y la de sus amigos y la de su amiga Bárbara y la de sus novias y la de su barrio.

Es una novela íntima, pero también amplia. Y es tan amplia como la ciudad de Barcelona, con sus continuos cambios, sus avenidas amplias y sus callejuelas estrechas por las que Fidel anda perdido. Porque Fidel tiene un pequeño-gran problema: se pierde con facilidad, sufre topographagnosia y eso, así son las cosas, lo convierte en un ser inseguro. Leer más “‘Rayos’ (Blackie Books), Miqui Otero”

‘Me gustaría ser todavía escritor’

“A veces, aunque no demasiado a menudo, me gustaría ser todavía escritor, pues todo lo que pasa por la mente de alguien se desvanece como el humo, mientras que, para un escritor –incluso para un escritor pésimo–, se pierden menos cosas (…) Si fueras escritor, incluso un escritor de relatos malogrado, tendrías un sitio donde colocar ese hecho de modo que no tuvieras que pensar en él todo el tiempo. Te limitarías a escribirlo, subrayarías las frases más horribles y lamentables, las pondrías en boca de otros personajes que no existen (o, mejor aún, en la de un enemigo tuyo levemente disfrazado), las volverías patéticas y conseguirías librarte de tu fardo para el disfrute de otros.”

El Día de la Independencia, Richard Ford (Anagrama, 1996)

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Aunque Richard Ford no entiende el cabreo de algunos escritores de su país por el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan, sus libros suenan más a Bruce Springsteen que a Bob Dylan. Ford es más Born In The USA que Knocking On Heavens Door. Además, cuando ha venido a España y ha dado una conferencia antes de recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras, ha terminado diciendo: “Vámonos al bar”.

Para El Día de la Independencia y los partidos de béisbol, esta canción: