Todos juntos, tan bonitos, tan…

– En realidad no es septiembre, doctor. No es el final de las vacaciones, ni que se acabe el verano, ni siquiera volver al trabajo.

– ¿Entonces?

– Es la rentrée. Son las librerías. Los expositores de libros.

– ¿Los expositores de libros?

– Sí, los expositores de libros.

– Siga.

– Me detengo ante ellos, mis ojos se clavan en las portadas, en los lomos, en los nombres juguetones de novelas. Tan interesantes, tan… En los ensayos, los libros de actualidad, las biografías… Los toco con las puntas de los dedos, los hojeo, leo algún párrafo suelto. La primera frase, el índice. Se me eriza la piel. Todos juntos, tan bonitos, tan…

– Estaríamos hablando de un tendencia al fetichismo.

– En realidad tampoco es eso.

– ¿No?

– No.

– ¿Hay más?

– Sí. Porque pasa que, al cabo de un rato de deambular entre expositores y estantes, después de memorizar nombres, autores, títulos que me gustaría leer, comienzo a hacer una lista. Y ahí se van acumulando, y… y…

– ¿Y?

– Y…

– ¿Y qué?

– ¿Le ha pasado alguna vez que está acostado en la cama y piensa en la muerte de esa forma en la que siente un vértigo horroroso? ¿Como si pudiera ser engullido por ese miedo?

– ¿Qué tiene eso que ver?

– Todo.

– ¿Tiene pensamientos sobre la muerte frente a expositores de libros?

– No. Claro que no.

– Pero siente… vértigo, debería creer, ¿no?

– Sí. Un vértigo espantoso. Un miedo a no poder leerme ya mismo todos los libros que querría leer. Querría comprarlos todos, llevármelos a casa, leerlos durante horas y horas, disfrutar de su olor, del sonido de las páginas al volverlas. Subrayar los párrafos que me interesen, analizarlos, marcar páginas doblando la esquina. Y sin embargo…

– ¿Se siente frustrado?

– Es algo más. Me siento pequeño, siento que me aplasta el peso de todos los libros que nunca podré leer. Se me corta la respiración, me provoca ansiedad. Me tiemblan las rodillas y tengo que buscar un sitio donde sentarme en mitad de la librería para no desplomarme en ese momento.

– Comprendo.

– No sólo me ocurre en septiembre. Todo el año.

– Debería saber que no es el primero en esta situación.

– Sí, supongo que hay más.

– Hay un caso documentado por el propio afectado.

– ¿En serio?

– Italo Calvino. Lo cuenta en el primer capítulo de Si una noche de invierno un viajero.

– ¡Doctor! Pero si el otro día encontré una nueva reedición de ese libro y estuve a punto de…

– Calvino narra la experiencia dramática de ir a comprar un libro y el dolor que provoca descartar los que no se podrá leer.

– … comprarlo. Estuve a punto. Debí comprarlo. Esta misma tarde iré…

– No creo que sea el mejor comienzo para la terapia.

­ – … a comprarlo. Necesito ese libro.

– Creo que esto nos va a llevar más tiempo del que calculaba.

– ¿Por dónde deberíamos empezar?

– Sin duda, por desechar cualquier visita a cualquier librería.

– Ojalá fuera tan fácil, doctor.

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