Borrachos de ‘Perfidia’

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“El caos embiste nuestra hermosa ciudad. Para rechazar a los invasores, clamamos devastación y soltamos a los perros de la guerra”. James Ellroy, Perfidia.

En plena II Guerra Mundial, Hollywood no dudó en sumarse a la causa de la propaganda bélica en contra de Alemania y el Eje. Casablanca es una de esas películas que nacieron en ese contexto. En un momento determinado, Ilsa Laszlo mira a Rick Blaine y le dice: “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Humphrey Bogart, en su papel de cínico, se encoge de hombros. Su respuesta es: “Sí, es un mal momento, la verdad”. En Perfidia, la última novela de James Ellroy, uno respira muchas veces ese mismo impulso. El mundo se vuelve loco a nuestro alrededor. Las pasiones se desatan. Y aquí estamos nosotros.

Pero Ellroy no es Rick Blaine ni Humphrey Bogart. Ellroy va directo a la mandíbula. No hay sentimentalismos ni viene a dar tregua. En Perfidia vuelve a Los Ángeles justo el día en el que los japoneses bombardean Pearl Harbour. Hay un país que va a la guerra entre el insomnio y el sonambulismo. Hay polis corruptos, tipos duros, mujeres fatales y vampiresas de celuloide. Hay tiros, hay puñetazos, hay mucha sangre y, claro, hay mucho dinero. Dinero sucio.

Este primer libro con el que Ellroy inicia un nuevo ciclo de novelas dedicado a la ciudad de Los Ángeles te lleva a ese punto de una densa borrachera en la que ya no sabes cuánto has bebido y sigues pidiendo más. Es alucinógeno en su representación de la realidad histórica. Es fríamente calculador en su representación de la más increíble crueldad. Es obsesivo, es histérico.

Todo cabe en la “hermosa ciudad” que recrea Ellroy. Está Bette Davies. Está Joan Crawford. Está JFK haciendo de tributo sexual para pagar las deudas de su padre. Count Basie toca en una fiesta clandestina en un antro de Chinatown y Clark Gable duerme la resaca en un sofá de un fumadero de opio junto al leopardo de Salvador Dalí.

También hay unos tipos planeando operar a prostitutas para que se parezcan a estrellas del cine. ¿Les suena?

En Los Ángeles, los focos reflectores de Hollywood no iluminan las peores calles y por ellas camina demonios con placa de policía. “Sólo saben que deben aniquilar la belleza que nos une a todos, la belleza que nos ha traído aquí”. Palabra de Dudley Smith.

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