La vieja política, la nueva política y la política de siempre

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“Yo desearía aquí poder llamarme radical“. No lo ha dicho Pablo Iglesias el otro día. Lo dijo Ortega y Gasset en 1914. También se quería considerar liberal pero reconocía que no lo iba a hacer “porque el vocabulario político está infestado y todos su términos tienen que ser sometidos al lazareto”.

Así que releo a Ortega y Gasset enfebrecido por la campaña electoral. Releo al “joven” Ortega y Gasset. Porque en 1914, cuando escribio su discurso “Vieja y nueva política”, tenía apenas 31 años. Descubro que mucho de lo que escribe podría haber sido escrito en 2014 y es válido para 2015. Lo descubro primero sorprendido y, después, triste. Ha pasado un siglo. Y poco ha cambiado.

Sin ir más lejos, en lo que se refiere a estos tiempos de volatilidad y cambios que vivimos:

“Se ha dicho que todas las épocas son épocas de transición. ¿Quién lo duda? Así es. En todas las épocas la substancia histórica, es decir, la sensibilidad íntima de cada pueblo, se encuentra en transformación.”

Cambio que llega tras un malestar generalizado de los ciudadanos hacia “el sistema”:

“Todas las labores que hasta ahora realizan todos los partidos se reducen a preparar, conquistar y ejercer la actuación de gobierno. Política es, hasta ahora, sólo gobierno y táctica para la captación de gobierno.”

O por el funcionamiento de la maquinaria política:

“Y esos partidos tienen a su clientela en los altos puestos administrativos, seudotécnicos, inundando los consejos de administración de todas las grandes compañías, usufructuando todo lo que en España hay de instrumento del Estado.”

… Que ha apartado a los ciudadanos del interés por la política:

“No se trata de que un Gobierno se haya apartado, en un asunto transitorio de legislación o ejercicio autoritario, de la opinión pública, no; es que los partidos íntegros de que esos Gobiernos salieron y salen, es que el Parlamento entero, es que todas aquellas corporaciones sobre que influye o es directamente influido el mundo de los políticos (…) todo ello, de la derecha a la izquierda, de arriba a abajo, está situado fuera y aparte de las corrientes centrales del alma española actual.”

Un interés que hay que volver a recuperar:

“El resultado de la crisis ideológica que atravesamos se anuncia claramente como un anhelo de vida enérgica y entusiasta. Harto de sí propio se aleja el escepticismo. Renace violenta la fe en el poder que el hombre tiene sobre sus personales destinos. La nueva manera de pensar conduce a un afán de dinamismo y a la exigencia de intervenir con nuestra voluntad en el contorno.”

Y, claro, su célebre visión de “las dos Españas”:

“Dos Españas viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia.”

Creía Ortega y Gasset, en 1914 (insisto), que esa otra España oficial “con sus abusos y con sus usos, está acabando de morir”. A uno le queda esa desagradable impresión de que no es así, y la vieja política y la nueva política son la política de siempre.

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