Apegos y desapegos

lacarretera

Empecemos por los desapegos.

> Empecemos por un párrago hermosísimo de La carretera, de Comarc MaCarthy:

“Más allá de aquel empañado oleaje tal vez otro hombre caminaba con otro hijo por la arena muerta y gris. Dormidos pero con un mar de por medio en otra playa entre las amargas cenizas del mundo o en pie y andrajosos, perdidos bajo el mismo sol indiferente”.

Una historia triste y hermosa, la de este padre y su hijo recorriendo un mundo devastado e inhóspito. Personajes sin nombre, como ese pobre diablo de Meridiano de sangre, cabalgando en su caso por un mundo de violencia y desolación.

> Cormac MacCarthy no es el único escritor que ha optado por no nombrar a sus protagonistas, claro. Está José Saramago en Ensayo sobre la ceguera, está Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, o los personajes de algunos cuentos de Kafka como En la colonia penitenciaria o Un artista del hambre y, sobre todo, Samuel Beckett. Son ejemplos que cita The New Yorker en un artículo sobre los narradores sin nombre, “The Rise of the Nameless Narrator”, en el que recogen el fenómeno que se está dando últimamente en el terreno creativo que lleva a muchos escritores a no dar nombre a sus personajes. Muchas veces asociado a la distopía o la fábula alegórica, dice el artículo que:  “The stories are invariably about that wandering—about statelessness as a state of being—and, because the narrator has no proper home, he can also have no proper name”. Se impone una corriente de historias sobre el extrañamiento en la que, si no es posible que los personajes encuentren un hogar o un territorio, no pueden tener nombre tampoco.

Coetzee-Childhood

> Es la “estética del desapego”. Así bautizó esta tendencia Antonio Muñoz Molina en 2013 al reseñar La infancia de Jesús, de J. M. Coetzee. En su artículo, habla primero de “tendencia” que luego se convierte en “lugar común”: “A veces uno observa cómo lo original se generaliza, y entonces cae en la cuenta de que quizás no lo era tanto como parecía”. Paisajes a los que se alude de forma genérica, personajes anónimos y que se identifican por su papel (el hombre, el niño…) suelen ser las notas generales de ese estilo de influencia maccarthiana que se está imponiendo en la actualidad y que en Coetzee -sostiene Muñoz Molina- ha derivado a la “autoparodia”: “Puede haber autoparodia en el laconismo, igual que en la sobreabundancia. Por el camino de la sobriedad alegórica se llega al kitsch tan fácilmente como por el del desmelenamiento sentimental o el puntillismo costumbrista”.

Y ahora, el apego.

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> En la balanza contraria, en el lado opuesto del desapego, Elena Poniatowska. Vamos a quedarnos con la entrevista que esta misma semana he leído a ella en la Revista Gurb: “Cuando llegué al periodismo decidí darle la voz al débil”. La escritora mexicana, narradora y periodista, no sólo le da voz a los más desfavorecidos de su país adoptivo. Les pone nombre y apellidos, les pone un rostro con todos su defectos y sufrimientos. Interesante también lo que dice sobre la relación entre periodismo y literatura. Así, el escritor que viene del periodismo “es muchísimo más humilde, mucho más modesto, porque en el periodismo te hacen esperar muchísimo”.

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> Otra más de periodismo y literatura. El ritmo de la actualidad a la que estamos sometidos los periodistas nos roba el tiempo que quisiéramos dedicarle a la literatura. Por eso, esta semana pasada estuvo en Cartagena Rosa Regàs y no pude sacar un hueco para escucharla. Por eso, aquí dejo la entrevista de Antonio Arco en el diario La Verdad: “Un país no progresa solo por la economía; lo que hace progresar a un país es la cultura, y lo que nos hace progresar como seres humanos, también”.

> Regàs estuvo en el Premio Mandarache de Jóvenes Lectores. Prometo que hablaré por extenso de este proyecto apasionante, cuando pueda. Ya con la visita de Cercas adelanté algo.

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> Y en el apartado de novedades: Clara Obligado presenta nuevo libro de relatos, La muerte juega a los dados. Clara es tanto o más conocida por sus talleres literarios, de los primeros que se popularizaron en España hace ya más de treinta años. He tenido la oportunidad de escucharla en varias sesiones especiales en los talleres de Lola López Mondéjar en la Biblioteca Regional de Murcia, así que ahora no voy a perder la oportunidad leer estos cuentos suyos.

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