Escritores y patos en el Manzanares

The-Economist

Llegó el día en el que el futuro de la literatura se coló en las páginas de Negocios de The Economist. No hablo de información sobre compra/ventas/adquisiciones/fusiones o similares del sector editorial. Hablo -o habla el artículo en cuestión, mejor dicho- del futuro de los autores de los libros, del futuro de los escritores para los que esta publicación de prestigio crea el término authorpreneurship. Con permiso de los traductores de oficio, me permitiré traducirlo al español como “escritoemprededurismo”. Ahí va el neologismo. Suena horroroso, eso sí hay que reconocerlo.

Con esa palabra, Authorpreneurship encabezan este artículo en el que describen una nueva era en la que, para los escritores actuales y el futuro, su imagen y su trabajo de promoción será casi o más importante que lo que escriben. Esto les lleva a afirmar que “authors are becoming more like pop stars”.

Aunque antes de llegar a ese extremo de transformar a los escritores en estrellas del pop, lo primero es que sepan de lo que va el business, según el artículo:

“Standing out as a book writer today requires more than a bright idea and limpid prose. Authors need to become businesspeople as well, thinking strategically about their brand, and marketing themselves and their products.”

Así, ya no sólo es necesario una prosa brillante, como se dice más arriba. Es más, ni siquiera basta con escribir un libro. Porque ése es nada más que el principio:

“Many authors dream of a happy ending in which, having delivered their magnum opus, they sit back and enjoy an endless stream of royalties. But these days, writing a book is just a prologue to more work. Even the most successful writers need to invest large amounts of time and resources in promoting themselves.”

Frente a la opción de ponerse en mano de una editorial, una agencia de representación o de relaciones públicas, se sitúa el fenómeno del “escritoemprendedurismo” (insisto en que la traducción puede admitir réplicas) y que en buena medida ha encontrado su ecosistema más adecuadado a través de Internet y las redes sociales, ampliando el impacto de la promoción y la lectura, permitiendo llegar a un círculo de lectores más grande, y encontrado prescriptores o “influencers” que ayudan a difundir su trabajo…

“Authors are becoming more like pop stars, who used to make most of their money selling albums but who now use their recordings as promotional tools, earning a living mainly from concerts. The trouble with many budding writers is that they are not cut out for this new world. They are often introverts, preferring solitude to salesmanship. Readers these days want to get to know the creators of the books they buy.”

Hago aquí mención de este concepto y este fenómeno porque me parecen interesantes, aunque tampoco pretendo profundizar en un sesudo análisis de los mismos. Tan sólo un par de ideas a vuelapluma:

Pynchon-simpsons

1. A pesar de todo, no deja de resultarme incómodo anteponer el valor literario de una obra a los fuegos artificiales y marketing con los que su autor lo vende con las más novedosas técnicas y siendo él mismo una imagen de marca que también actúa como reclamo. De un aviso en esa línea ya ocupé en el blog al reseñar este libro en el que se hablaba de “la muerte del autor por hipertrofia”.

2. Reconozcamos además que si la imagen del escritor uraño y apartado, desconocido (Pynchon, Salinger…) no termina de casar con estos tiempos de sobreexposición pública, la historia de la literatura no es escueta en ejemplos de autores cuya “mediatización” fue un reclamo para su obra. Por mencionar a dos que me vienen a la cabeza, Dumas o Capote, con dos estilos muy diferentes, claro.

Si el nuevo paradigma ha llegado para quedarse o no, habrá que verlo. Son cosas que el tiempo dirá si es así o no. Porque no es una transformación de la industria editorial lo que se plantea, sino un cambio en la mentalidad y vocación de los escritores.

Lo que sí es verdad es que hay autores que no es que se hayan adaptado, sino que podemos considerarlos como auténticos precursores en ese terreno aún por sondear para tantos. Ése podría ser el caso de Gabri Ródenas (@GabriRodenas), a quien recomiendo seguir y leer. En su blog Cómo me convertí en un escritor millonario viene ya reflexionando desde hace tiempo sobre cuestiones con las que se ha adelantado a lo que ahora insinúan en The Economist.

He de reconocer que, en mi caso, leer que mis aspiraciones de ser escritor pasan por las páginas de Economía me hacen sentirme extraño. Sí, igual que en esa canción de Sabina. Ya sabéis. Como un pato en el Manzanares.

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