Read a fucking book

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¿Conocéis la historia del cartel con la que encabezo este post? Yo sí, pero no os la voy a contar hasta el final, porque antes quiero hablar de algo que está relacionado.

Hoy, en un blog que escribe un tipo de letras, vamos a hablar de números: los números que vuelven a poner de manifiesto los preocupantes índices de lectura en España. Vamos con uno de esos titulares que dan para comentarlo, pero que también se merece un análisis detenido. Hablo del último barómetro del CIS según el cual el 35% de los españoles no leemos nunca o casi nuncaO lo que vendría a ser lo mismo, un tercio de la población pasa de leer.

Míralo así, si quieres: vas en el ascensor con otras dos personas (dos vecinos, tal vez) y uno de vosotros no lee “nunca o casi nunca”. Si le preguntamos a ese tercio de la población que no lee cuáles son los motivos por los que no lo hace, explica el 42% de ellos que “porque no le gusta o no le interesa”.

A esto hay que añadir que la media de lectura en España por habitante es de 8,6 libros al año, frente a los 47 de Finlandia, por ejemplo.

No quisiera caer aplastado por el peso de las cifras (cuál es el género que prefieren los lectores, dónde suelen leer, cuántas horas, cuántas veces, cuánto…): creo que el análisis debería ser más cuantitativo que cualitativo. Como se suele señalar de forma certera cuando se afrontan estos datos, ya no se trata tanto de hablar de cuánto leemos, sino de qué leemos.

Pero hoy también hay que hablar del peligro de no leer “nunca o casi nunca”. Porque debemos asumir que una sociedad que no lee es una sociedad sin ideas ni capacidad crítica, una sociedad que nunca avanzará y que puede caer en manos de aquellos que no creen en la libertad.

Han sido siglos lo que se ha tardado en conquistar en el mundo occidental el derecho a la libertad de expresión y a que esa expresión se pueda poner por escrito. De forma paralela ha sido la conquista del derecho a leer esas opiniones, ideas o narraciones.

Delacroixblog

Leer ha sido un gesto rebelión en determinadas épocas históricas y en según qué contexto; leer a tal o cual escritor, o tal o cual título, ha sido una forma de rebelarnos ante los que nos dicen que no debemos hacerlo.

Por eso, todos los integrismos, todos los totalitarismos políticos o religiosos, todas las dictaduras han pretendido controlar qué se lee y qué no se lee. Por eso la censura, por eso las hogueras y los saqueos de bibliotecas.

Qué sencillo nos parece renegar de la lectura, decir que no leemos. Qué caro nos puede salir.

Así debió entenderlo la persona que en Los Ángeles se dedicó a hackear los paneles luminosos con los que es habitual que se señalicen las obras o desvíos del tráfico. Read a fucking book fue la frase que coló en esos paneles, para sorpresa de los conductores y paseantes, para regodeo malévolo de lectores empedernidos que vieron su debilidad transformada en protesta.

Más claro no se puede ser. Read a fucking book. Primer aviso.

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