Fútbol de papel

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¿Qué relación hay entre Cervantes y Xavi Hernández? ¿Y entre Borges y Messi? ¿O entre Gabriel García Márquez y el prometedor delantero colombiano James Campell? Cada uno de ellos es una figura de su país, unos en el mundo de la literatura y otros son estrellas del fútbol y han pasado por el Mundial de fútbol de Brasil 2014.

Pero Cervantes podría ser el Xavi Hernández de la selección española si el combinado nacional lo hubieran compuesto escritores, igual que Borges hubiera sido el puntero argentino o García Márquez le habría puesto a Colombia el color y la vida que está poniendo Campbell al campeonato.

De esa premisa ha partido la editorial Penguin para imaginar una Copa del Mundo, la Penguin Cup, en la que los “once” de los principales equipos y aspirantes al título están integrados por sus principales estrellas de la literatura, en un alarde de imaginación y saber literario-futbolístico, en el que a través de las redes sociales están desarrollando una particular competición.

Es así como es Cervantes el jugador por el que pasa todo el juego de la literatura española, con una alineación titular en la que me imagino en la portería a Arturo Pérez Reverte blasfemando como el artillero de algún tercio español poniendo en orden la defensa bajo la portería que defiende. Dos de nuestros escritores más reconocidos en el mundo anglosajón, Javier Marías y Vila Matas, encabezan el ataque. Pero, como en España nadie termina de estar nunca contento con su selección, podría poner mis reservas con Carlos Ruíz Zafón, tanto insustancial como Cesc con la frivolité del “falso 9”. O con Camilo José Cela, muy lejos de ser ese carrilero incisivo que recorre la banda y más cercano a uno de esos laterales toscos, lentos y trasnochados.

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Y si en Argentina la estrella es Borges, el centro del campo es cosa de un genio de la visión de juego y de la improvisación, Cortázar. En esa misma posición, Estados Unidos sitúa a Hemingway, un verdadero box to box mastodóntico e infatigable con el que se intenta compensar el carácter más anárquico de otras de sus estrellas como David Foster Wallace, Pynchon o J.D. Salinger (situado en uno de los extremos del ataque).

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Todos coincidimos en que el “10” de Inglaterra es para Shakespeare, pero habrá que seguir de cerca a alguien como Nick Hornby, responsable de una de las obras más entrañables sobre el fútbol, Fiebre en las gradas.

No habría que perder de pista a una Italia dirigida por el cerebro organizador de Maquiavelo, o a un Japón plagado de nombres poco conocidos acompañados de grandes y exóticas figuras de éxito mundial, con Murakami como su particular Oliver Atton.

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Y si bien se trata de selecciones en las que encontramos muchos veteranos y pocas caras nuevas, no conviene subestimar a los combinados de Rusia, Grecia o Alemania. De hecho, ya los Monty Python se atrevieron a materializar este choque entre griegos y alemanes:

Precisamente con Alemania los de Penguin se dan un “capricho” e incluyen a Kakfa, que todos sabemos que era checo, aunque escribiera alemán. Asimilado o no en el equipo germano, es verdad que Kafka no es Müller, tal vez tiene más de un Ozïl literario: siempre parece ausente y nostálgico, frío, pero su talento es innegable y a veces choca con la férrea estructura alemana.

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El único desliz, ay, que se le puede achacar es que hayan sacado a Camus de la portería para situarlo en la medular francesa, olvidando que en realidad llegó a ser portero del Racing Universitaire de Argel y el Racing Paris en su juventud. Todo un Premio Nobel de Literatura que aseguró que todo lo que sabía de moral y de los hombres se lo debía al fútbol:

“Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol, lo que aprendí con el RUA no puede morir”.

Aunque, de igual forma que Brasil se ha quedado sin ver a la Suecia de Zlatan Ibrahimovic, este Mundial literario también tiene grandes ausentes. Así, el hecho de que algunas selecciones hayan quedado fuera de la fase final, ha privado a los aficionados del estilo de Vargas Llosa o de uno de los grandes rematadores de la literatura, Pablo Neruda. O un Benedetti, que en nada tiene que ver con la fiereza animal de su paisano Luís Suárez. También se echa en falta un James Joyce o un Coetzee que le aporte profundidad al fútbol de este campeonato.

Y dicho lo dicho, también es cierto que duele, uy, realizar algunas equiparaciones, como las poner al mismo nivel a Pessoa y Saramago con (sí, señor) Cristiando Ronaldo.

Os recomiendo que os deis una vuelta por la web, repaséis los equipos, sus estrellas y disfrutéis con sus descripciones. No deja de ser una campaña de marketing de una compañía, pero hecha con buen gusto, ingenio y humor, robándonos una sonrisa a los que disfrutamos con un buen libro y con un buen partido de fútbol.

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