“De noche andamos en círculos”, Daniel Alarcón (Seix Barral)

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“Los escritores jóvenes  creen que cualquier instante puede ser el inicio de una gran obra”: con ésas palabras se despacha  a lo largo de esta novela uno de sus protagonistas, Henry Núñez, el veterano dramaturgo, integrante de la compañía Diciembre y autor de El presidente idiota, el montaje teatral que se articula como hilo conductor de De noche caminamos en círculos, la última novela Daniel Alarcón. El contrapunto a esta visión será la del Nelson, el joven actor elegido para el reparto de la obra de teatro quince años después de la desaparición del grupo tras el encarcelamiento de Henry por motivos políticos.

La afirmación de Henry Núñez podría valer para esta novela porque, a pesar de su carácter compacto, es una obra poliédrica por su complejidad y por la variedad de asuntos que aborda, al mismo tiempo que también se ocupa de sus opuestos: la ilusión de la juventud y las frustraciones de la madurez, el alivio de la representación teatral y el peso de la realidad, la libertad que se encuentra en la cárcel y la prisión en la que se transforma la vida en una sociedad convencional, la locura del amor frente al pragmatismo de la rutina, lo que queremos ser frente a lo que en realidad somos.

A este tipo de dualidades se enfrentarán Nelson, Henry Núñez y Patalarga en la gira que iniciarán por todo el país, por los pueblos más alejados y remotos, por los escenarios menos propicios para el teatro, y en la que cada uno busca su particular redención, con más o menos convencimiento. El recuerdo de la reciente guerra, la sombra de pobreza y la opresión de las pequeñas poblaciones que atraviesan sirven de escenario para un viaje que les pondrá a prueba, les enfrentará a sus remordimientos y sacará lo peor de cada uno de ellos.

Su autor, Daniel Alarcón, se ha asentado como una de jóvenes figuras de la literatura y el periodismo narrativo hispano en Estados Unidos. Desde el proyecto Radio Ambulante ha impulsado esta apuesta por el envoltorio literario del periodismo para llevarla al género radiofónico. Tal vez por eso, para narrar esta historia, Daniel Alarcón apuesta por una aparente crónica de unos hechos que se van desnudando a medida que avanza el relato. La voz del cronista-narrador interrumpe para que el lector no caiga en convencionalismos: aparece y desaparece de la escena, hace que el relato salte entre el pasado y el presente, no toma partido pero asume un rol, participa, se le escucha y se convierte en el único testigo de la metamorfósis definitiva de Nelson.

De noche andamos en círculos comienza a un ritmo pausado y que dilata lo que parecen unos preámbulos que no son sino los engranajes de una maquinaria que va adquiriendo tensión y velocidad, en la que todo encaja para llevarnos donde esta voz de cronista-narrador quiere dejarnos. En ese punto, sí, en el que nos damos cuenta que hemos asistido a un cambio profundo, a una ruptura con el punto de partida, con “el inicio de una gran obra”, como dice Henry Núñez.

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