Casa tomada (por obras), relato

Todo era como en ese cuento. Ya sabéis, el de Cortázar. Primero llegaron los albañiles, y nos quedamos sin cocina ni baño.

“Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo”.

Después llegó el carpintero. Tardó poco en hacer lo suyo y hubo un resquicio para ser optimistas. Pero fue sólo un espejismo: el electricista puso la casa patas arriba.

“Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos”.

Luego, hubo que desmontar todos los muebles, camas, armarios, sofás: llegó la hora de pulir los suelos. El rumano que lo hace ha empezado hoy.

“Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras”.

Esta noche duermo sobre un colchón en el suelo, arrinconado junto a otros muebles, apilados de forma desordenada, en el salón. Mañana llegan los pintores.

“-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? – le pregunté inútilmente.
– No, nada.
Estábamos con lo puesto”.

(PD: Incluso he tenido que acudir a la biblioteca municipal para sacar estos fragmentos de Cortázar. No me atreví a aventurarme en el mar de pilas de cajas y paquetes en el que yo tengo el mío guardado junto a los demás mientras acaba la obra).

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