Olor a libro nuevo

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Hay mucho de placer físico en las sensaciones que despierta el olor de un libro nuevo en el primer crujir de sus páginas escurriendo entre nuestros dedos.

Un olor a tierra nueva, a bosque mojado, a aire fresco de montaña vieja.

Es una combinación que cosquillea en la pituitaria y puede despertar un atractivo por ese libro casi tan importante como la portada, el título, el nombre del autor o la historia que vamos a encontrar dentro.

Podemos confundir una imagen en nuestra memoria, perder con el tiempo el recuerdo de un sabor o un tacto, olvidarnos de un sonido. En cambio, un olor es uno de los placeres más evocadores para el cerebro humano.

Pero, ¿a qué huele un libro nuevo?

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Respuesta fácil: huelen a la celulosa que compone el papel, a los pegamentos que se usan en su composición y a la tinta en la que se imprime. Correcto. Y detrás de esos elementos hay otra serie de compuestos orgánicos volátiles que son los que da integran el olor a libro sin estrenar en su aspecto más detallado desde el punto de vista químico. Estaríamos hablando de sustancias como el peróxido de hidrógeno para blanquear o el etileno vinil acetato, que se emplea en los adhesivos.

¿Y qué pasa con los libros viejos? ¿Por qué nos pica en la nariz cuando pasamos sus páginas o rebuscamos en bibliotecas o en puestos de libros usados? La explicación pasa por la lignina, una sustancia que se desprende del papel con el paso del tiempo. No en vano, el papel es una materia orgánica y la actuación de diversos micro organismos sobre el papel acaba produciendo esa degradación de la que se desprende la lignina, la misma sustancia que es síntoma del daño que sufre un libro pero que despierta sensaciones añejas.

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Dicho lo dicho. Si conocemos los componentes químicos de un aroma como el del libro nuevo, o el libro viejo, ¿se puede conseguir una “receta” de ese olor? Pues sí. Existen tanto ambientadores como perfumes, como se puede ver aquí y aquí.

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Sin embargo, como ocurre con todo, mejor que cualquier recreación es el verdadero olor a libro nuevo, el que nos conquista, el que nos atraviesa de pies a cabeza y nos convierte en compradores-lectores compulsivos de libros.

Mi aversión por el libro digital y mi fetichismo por el libro de papel se debe en buena medida a ese perfume que desprende. No cambio ni uno de esos compuestos orgánicos volátiles por la baquelita de vuestros libros digitales.

Otro día tal vez podemos hablar del “sonido” de los libros. Otro día. Hoy voy a oler mis últimas adquisiciones por última vez como libros nuevos antes de empezar a leerlos.

Y terminemos con un poco de humor:

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