365 días del libro

mujer leyendo 2

El Día del Libro está aquejado del síndrome del Día de San Valentín: hoy todo el mundo se deshace en elogios galantes, pero ¿qué pasa el resto del año?

Tal vez porque llega este día y tengo el ánimo particularmente cenizo, he estado a punto de caer en la tentación de ilustrar este argumento con datos.

He pensado: debería mostrar porcentajes sobre los índices de lectura, sobre la caída de ventas, sobre el número de librerías que cierran o la pobreza de sus catálogos, mencionar los maremotos editoriales, las condiciones que se les ofrecen a los escritores o hablar de lo que habla todo el mundo: ya que nadie te publica, échate al monte. O a Amazon, mejor dicho.

He pensado: sí, es una visión demasiado ceniza para el día de hoy, que debe ser bonito y emotivo en lo que se refiere a la rememoración de lecturas. Tirar de nostalgia, sí. Pero si hago eso, ¿de qué va a vivir este blog el resto del año?.

He pensado: en todo el mundo que debe de estar escribiendo sobre este día, el 23 de abril, el Día del Libro. Siempre supone para mí un esfuerzo titánico sentarme a escribir sobre algo a propósito de lo que otros ya han escrito, o están escribiendo en este momento, seguramente mejor que yo.

Así que he pensado: mejor no escribo nada más. Que hoy no es día de eso.

Que voy a salir a comprar un libro. Que voy a leer un libro. Que voy a regalar un libro para que sea leído.

Que para mí todos los días son el Día del Libro. Ésa es la única verdad.

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