Portadas de libros, carteles de película

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Hoy quiero hablar de una manía personal. Y para ilustrarla voy a empezar por una anécdota, como se suele hacer en estos casos. Hace unas semanas entré a una librería. Pregunté por El Gran Gatsby para hacer un regalo y, después de mirar en el ordenador, me encuentran una edición de bolsillo recientemente editada y cuya portada era el cartel de la infumable adaptación que ha realizado Baz Luhrmann. ¡Ah, no! Esto sí que no. Y me fui sin ese libro.

Y ahora hablo de esa manía. Como muchas manías, ha ido agravándose con el tiempo. Me refiero a que no me gustan los libros que vienen con la portada del cartel de la película. Me gustan las portadas de libro, vivo enamorado de portadas de libros. Pero el cartel de una película en la puerta de entrada a una lectura me pone la carne de gallina.

Asomarse a algunos estantes es como repasar la cartelera:

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Uno se pone en la piel de la editorial y lo entiende. Es una estrategia de marketing legítima y con gancho. Sobre todo porque la adaptación de una novela sirve al público para volver sobre ella. Hay un público que no es lector habitual y que al llevar un libro a la gran pantalla o a la televisión le atrae a leer esa obra. No sólo libros actuales (pienso en la saga Crepúsculo, o Los Juegos del  Hambre, o en en Canción de hielo y fuego, o -en el panorama nacional- El tiempo entre costuras) sino que ocurre lo mismo con libros clásicos, que ya se han adaptado, y que al realizarse nuevas revisiones contemporáneas llegan a un público más joven (por ejemplo, el citado El Gran Gatsby, u otras que también han pasado a la gran pantalla hace poco, como Bel AmiAnna Karenina).

Pero a mí, y ahí quiero llegar, no me gusta. De hecho, he renegado de comprar cualquier libro con el cartel de la película. No me gusta, como lector. Sobre todo porque, desde mi punto de vista, asociar un libro a su adaptación cinematográfica me parece condenarlo a la fugacidad con la que se suceden los estrenos en la industria del celuloide. Hay libros que son para toda la vida, pero cuya adaptación es innecesaria y mediocre, por lo que llevarla al cine y poner el cartel en la portada no le hace justicia. Incluso si la adaptación es buena, me parece que su origen, su libro, tiene una vida independiente de la cinematográfica y la taquilla.

Aunque también hay grandes películas que superan el verdadero talento del manuscrito en el que se basaban. Por lo que a uno le asalta la duda de que, si el libro no supera la película, ¿para qué volver a la letra escrita?

Ésta, al fin y al cabo, es tan sólo una de las manías que tengo como lector.

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