¿Ya eres redactor? Larra y el día de los periodistas

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Éste es un blog sobre libros, literatura y escritores, pero como para mí el periodismo también es un género literario, hoy que es el día de los periodistas me permitiré hablar un poco del tema.

Que el patio está mal, todos lo sabemos. Hoy, como dice Carlos Torres en su blog  es “un día para golpearnos el pecho, como si de pronto todos los informadores tuviéramos la imperiosa necesidad de celebrar la desgracia que nos une”.  Luego uno -que es el último en llegar, que habla sólo de oídas y de lecturas, eso sí- piensa si alguna vez el oficio de periodista tuvo una época dorada y era Jauja y corría el champán por las redacciones y horarios decentes y tal, y se valoraba el esfuerzo y el público general les hacía la ola por la calle a los corresponsales y redactores en el ejercicio de su tarea.

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Y entonces de acuerdo de Larra. Mariano José. Tal vez os acordéis de él. En su calidad de Fígaro, el 19 de marzo de 1833, publicaba en la Revista Española un artículo, “Ya soy redactor”, en el que se remontaba al origen de su vocación y a la situación con la que acabó encontrándose.

“Sentí los primeros pujos de escritor público, cuando dieron en írseme los ojos tras cada periódico que veía, y era mi pío por mañana y noche: «¿Cuándo seré redactor de periódico?». Figurábaseme, sí, desde luego, obra de romanos el llenar y embutir con verdades luminosas las largas columnas de un papel público; pero en cambio era para mí de la mayor consideración el imaginarme a la cabeza de una sección literaria, recibiendo comunicados atentos y decorosos, viendo diariamente consignadas en indelebles caracteres de imprenta mis propias ideas y las de mis amigos”.

Así pretendió conseguirlo y así llegó hasta una redacción de alguna publicación de la época:

 “«¡Ya soy redactor!», exclamé alborozado, y echéme a fraguar artículos, bien determinado a triturar en el mortero de mi crítica cuanto malandrín literario me saliese al camino en territorio de mi jurisdicción. Pero ¡ay de mí, insensato, que, chasco sobre chasco, vivo hoy tan desengañado de periodista como de autor de comedias!”.

Ay, pobre Fígaro, la de sinsabores que aún debería encontrarse:

-Señor director, ¿qué se hicieron mis columnas?

-Calle usted -me responde-, ahí están; no han servido: esta noticia es inoportuna; ésa arriesgada; la otra no conviene; aquella de más allá es insignificante; estotra es buena, pero está mal traducida.

-Considere usted que es preciso hacer ese trabajo en horas -replico lleno de entusiasmo-; el hombre llega a cansarse…

– Si usted es hombre que se cansa alguna vez, no sirve usted para periódico

-Me dolía ya la cabeza…

-Al buen periodista nunca le debe doler la cabeza…

-¡Oh qué placer el de ser redactor!

Ante este panorama, el bueno de Mariano José decide preparar un artículo de fondo. “De economía política será”, se dice:

-Grande artículo -me dice el editor-, pero, amigo Fígaro, no vuelva usted a hacer otro.

-¿Por qué?

-Porque esto es matarme el periódico. ¿Quién quiere usted que le lea, si no es jocoso, ni mordaz, ni superficial? Si tiene además cinco columnas… Todos se me han quejado; nada de artículos científicos, porque nadie los lee. Perderá usted su trabajo.

-¡Oh qué placer el de ser redactor!

-Encárguese usted de revisar los artículos comunicados, y sobre todo las composiciones poéticas de circunstancias…

Fígaro relata los problemas que surgen con los intereses políticos o personales de la publicación para la que trabaja -que casi siempre suelen corresponderse con el interés particular de su director- o las diferencias que surgen con lo que el editor del medio considera que será atractivo para el público o no, además también de los contratiempos técnicos. Decepción tras decepción, concluye con un lamento:

“¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise; juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos, que mucho procuré abreviarte, si puedo y debo con sobrada razón exclamar ahora que ya lo soy: ¡Oh qué placer el de ser redactor!…”

Recuerdo que leí este artículo completo, un buen día, sentado en la biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Desde entonces lo tengo muy presente. Y veo que hay cosas que el tiempo no ha cambiado en el oficio y la vocación del periodismo.

Aquí el artículo completo: “Ya soy redactor”, de Mariano José de Larra.

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