“Los gatos pardos”, de Ginés Sánchez (Tusquets)

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Hay escritores que se quedan con las bandejas de carne ya preparada para el consumo en los limpios lineales de los hipermercados. Y hay escritores capaces de ir al origen, al matadero, a la sala de despiece, donde manda el cuchillo, se derrama la sangre y el olor de las vísceras animales no tiene nada que ver con el de los salones académicos y las tertulias librescas. Situados en su atalaya literaria, hay escritores que nunca descienden al fango de la realidad. Por suerte hay otros como Ginés Sánchez que, en Los gatos pardos (ganador del IX Premio Tusquets Editores de Novela), tiran a patadas la puerta del matadero para entrar dispuesto a diseccionar hasta las entrañas los pensamientos de los tres personajes que convergen en su novela.

“La muerte, se me ocurrió oyendo el ronroneo del motor, no es más que una cosa que sucede porque tiene que suceder. Porque de pronto hay algo que se quiebra o se tensa o está apunto de explotar.”

Así lo entiende Ginés Dientes de Oro, el más inquietante y oscuro de los tres personajes cuyas vidas van a confluir en la calurosa Noche de San Juan del año 2011 en Murcia, una noche en la que todo parece que está a punto de quebrarse. No sólo la existencia cotidiana y pacífica de este siniestro buscavidas, sino también la de un sicario mexicano a las órdenes de un importante hombre de negocios que debe cumplir un encargo sangriento y la de María, una adolescente conflictiva en cuyo interior se agitan deseos que la llevarán a traspasar algunos límites en busca de nuevas experiencias.

“De noche, todos los gatos son pardos”, dice el refrán, y en ésas está Ginés Sánchez: una noche en blanco, la más larga del calendario, le sirve al escritor murciano para profundizar en estas tres existencias marginales, sin glamour, sin exotismo, sin caer en la tentación literaria de convertir a los excluidos en personajes de culto. Aquí no hay compasión, ni finales felices:

“En el mundo, se dice de pronto, lo que sobran son los colores. A qué, se dice, poner tantos si con tres o cuatro ya íbamos bien.

Y es que la añoranza, se dice, no es de otro tiempo, si no de otras reglas. Otras más simples. Unas en las que el corazón era tal y no una masa de picadillo para rellenar tamales.

Blanco. Negro.

Morir. Matar.”

La narración crece de una historia a otra, se acrecienta la tensión quebradiza que se adivina desde la primera línea, con un estilo muy singular y apartado de cualquier convención con el que Ginés Sánchez agarra al lector por la pechera y lo arrastra con él en el particular descenso a los infiernos de cada uno de sus tres personajes. Es un estilo directo, aparentemente casual, y en cuya escritura descarnada tiene su mayor valor literario. Otro tanto más a su favor es que esta sequedad violenta la conjuga con cuchilladas de poesía que se abren camino a tajos por la lectura.

Se han realizado muchas comparaciones cinematográficas sobre Los gatos pardos y su estilo, desde la influencia de Tarantino hasta Amores Perros. Sin embargo, sin saltar de medio creativo y quedándonos en el mundo de lo literario, creo que existen referentes desde el género del hard boiled hasta James Ellroy o el Bret Easton Ellis de American Pshycho.

Como el último de los capítulos que conforman Los gatos pardos, el lector cierre las páginas del libro alterado por la misma conmoción de asomarse a tres corazones violentos y envenenados, la misma sacudida que el torrente de agua provoca en la rambla seca y polvorienta.

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4 comentarios en ““Los gatos pardos”, de Ginés Sánchez (Tusquets)”

  1. No voy a leer tu entrada, no AÚN. Mira la casualidad… hoy estaba en la biblioteca general de Espinardo y hay allí una ruleta de libros que van cambiando, en la entrada, siempre caigo en coger alguno… adivina cual he cogido justo esta mañana. Bingo, ¡éste! Y ahora leo el título de esta entrada, la cual no he leído y leeré cuando me termine el libro.¡Me encanta el azar! Un saludo y volveré a pasarme por aquí en unos días.

  2. He tardado más de unos días, y es que aún sigo patidifusa. Qué bestialidad, qué salvajada, no me esperaba una carnaza así de cruel, como dices en tu crítica, veneno y sequedad, el corazón abierto en el matadero, y lo peor, lo peor es que a veces (muchas, donde más en la segunda historia) lograba ponerme en el lugar de los personajes, y al verme así me repugnaba, y a la vez admiraba al escritor. Es una pieza en verdad desoladora y demoledora, es un lenguaje tan basto y a la vez tan necesario para lo que está contando. Hay pasajes que he tenido que leer dos veces pese a lo duro de su contenido, y en cambio otros que he leído con los ojos casi cerrados, reconozco que lo he pasado mal leyendo, pero un mal que ha merecido la pena.
    Tu crítica es genial, coincido en todo; como escribes, es capaz hasta de poner poesía en boca de esos personajes, es un libro febril, qué locura! Me completa la lectura leer tu interpretación y pensamientos, gracias! Un saludo!

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