Las uvas de hoy

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Me encontré con este cartel hace unos días y recordé la lectura aún fresca de Las uvas de la ira, de John Steinbeck, en el que unos papeles parecidos son mencionados en varias ocasiones desde el momento en el que la familia Joad, arrebatada de su casa y sus tierras, emprende un largo viaje hacia el Oeste, hacia California, como tantos desposeidos durante la Gran Depresión.

“A tu padre le dieron un panfleto en papel amarillo que dice que hace falta gente para trabajar. No se tomarían tantas molestias si no hubiera trabajo en abundancia. Les cuesta su dinero hacer los panfletos. ¿Para qué querrían mentir, si encima les cuesta dinero?”

Tal vez sea por lo que suelen proliferar estos carteles en el sitio en el que vivo, en Lorca, Murcia, pero durante la lectura del libro me había llamado la atención cómo este tipo de panfletos u hojas volantes van apareciendo a lo largo del recorrdio de la familia Joad en su odisea hacia el paraíso californiano en el que se anunciaba casa y trabajo.

“En nuestro pueblo distribuyeron unos papeles… de color naranja, que decían que hace falta gente para trabajar en la cosecha.”

“Dicen que estamos aquí trescientos mil y apuesto a que todas las familias hemos visto esos papeles.”

Pero, kilómetro a kilómetro, esa promesa se va desvaneciendo.

“Suponte que tú ofreces un empleo y sólo hay un tío que quiera trabajar. Tienes que pagarle lo que pida. Pero pon que haya cien hombres (…) Supón que haya cien hombres interesados en el empleo; que tengan hijos y estén hambrientos. Que por diez miserables centavos se pueda comprar una caja de gachas para los niños. Imagínate que con cinco centavos, al menos, se pueda comprar algo para los críos. Y tienes cien hombres. Ofréceles cinco centavos y se matarán unos a otros por un trabajo (…) Por eso repartieron los papeles. Se pueden imprimir una burrada de papeles con lo que se ahorra pagando quince centavos a la hora por trabajo en el campo.”

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Publicado en 1939, algunos de los párrafos de Steinbeck desprenden un tufillo demagógico ya en el siglo XXI, pero no cabe duda de que en su día fue y sigue siendo un libro trangresor, radical y concebido desde la humildad de aquel que, a la hora de dar voz a los personajes de un libro, se la da a los que más necesitan ser oídos, “la gente de vive”, como los llama la entrañable, rubicunda y fuerte Mamá.

“Esos hijos de puta, sentados en sus escritorios, han partido en dos a la gente por su margen de beneficios. Simplemente les han cortado en dos por el medio. Una parte de la gente es el lugar en el que vive. Nadie está completo, allí solo en la carretera, en un camión atestado. Ya no están vivos. Esos hijos de puta los han matado”.

“En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia”.

Su lectura puede resultar incómoda para un lector de 2013, pero lo que cuenta es de una actualidad demoledora.

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1 comentario en “Las uvas de hoy”

  1. Cuando leí este libro vivía ya en Murcia y no podía evitar acordarme de un chico negro al que me cruzaba todas las mañanas dirección al Rollo (la gasolinera donde les recogían) en busca de trabajo. Todos los días la misma ropa, hiciera frío o calor.

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