Están matando a Holden Caulfield

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Sí, están matando a Holden Caulfield. Al mismo Holden Caulfield que desde la adolescencia es el amigo invisible de más de uno de nosotros. Aquel que se negaba a explicar de dónde venía, cómo se conocieron sus padres “y demás puñetas al estilo Dickens”, el que no quería que nadie contara nada porque “en el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo”.

El  Holden Caulfield que soñaba con dedicarse nada más que a ser el guardián entre el centeno o que se preguntaba en voz alta “¿te has hartado alguna vez de todo?”. En ese momento, en el que uno tiene la impresión de que se dirige a él mismo, único y secreto lector, al decir eso. Ahí se queda el primer regusto dulce de la huida. “Tengo un amigo en el Grenwich Village que nos dejaría un coche un par de semanas (…) Mañana por la mañana podríamos ir a Massachusetts, y a Vermont, y a todos esos sitios de por ahí”.

Lo encontré en un cajón de libros de saldo en una gran superficie, ¡a un euro! y (abusando de las frases hechas y vacías que tanto aborrecía Holden) “pasé de la sorpresa inicial a la indignación inmediata”. Ésa expresión tan socorrida, pero al mismo tiempo cierta en este caso.

Porque una cosa es encontrar un libro usado a un precio asequible en una librería de lance, desvalido, huérfano, con ánimo de seguir dando vida a sus páginas. Y otra es rescatarlo en un centro comercial, entre las ofertas de refrescos y aperitivos, sepultado en un montón de libros a granel, firmados por escritores mediocres, guías y manuales idiotas o publicaciones costeadas por ayuntamientos y diputaciones provinciales hace años. Títulos que forman ese subgénero editorial que es a los libros lo que los poblados chavolistas a las grandes ciudades.

Y allí, a un euro, en el hipermercado, estaba “El guardian entre el centeno”. No deja de tener, al mismo tiempo, mucho triste coincidencia. De su autor, el hosco y huidizo J. D. Salinger, apenas conservamos como una de sus pocas fotografías la que le robaron a la salida de un supermercado, asomándose iracundo por la venta del vehículo que lo espiaba.jd_salinger

Como si el sistema siguiera empeñado en encerrar al indomable Holden Caulfield. El mismo que dijo: “Voy a empezar a leer libros buenos. De verdad”.

(PS: como muchos personajes de ficción, Holden Caulfield también está en Twitter, en @HoldenCenteno. Dudo mucho que el verdadero Holden gastara su tiempo en las redes sociales, pero recomiendo no perderle la pista por esta vía).

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